Retratos familiares perdidos - Caritas
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Retratos familiares perdidos

Muchos de los refugiados han perdido a familiares.

Que han sobrevivido a heridas y han quedado profundamente traumatizados por el impacto de la guerra.

A continuación se presentan algunas imágenes de familias de refugiados sirios, del galardonado fotógrafo Dario Mitidieri, en los campamentos de refugiados del valle de la Becá, donde Caritas Líbano está trabajando, a sólo 9 km de la frontera con Siria.

Caritas y sus asociados llevan muchos años ayudando a las familias vulnerables de refugiados, en Siria y en todo el Líbano, en Jordania y Europa.

Según Caritas Líbano, se estima que hay 1 500 campamentos de refugiados en el valle de la Becá, que albergan a unas 400 000 personas, hombres, mujeres y niños, cuyas vidas se vieron destrozadas.

Patrocinada por la agencia creativa M&C Saatchi, la campaña de sensibilización “Retratos familiares perdidos” muestra a algunos refugiados sirios en retratos clásicos de familia, con espacios o sillas vacíos que representan a sus seres queridos muertos o desaparecidos, durante el conflicto de cinco años.

Dario Mitidieri dijo que sus fotografías deben ser un recordatorio, para no olvidar jamás el sufrimiento de estas familias y otras muchas afectadas por la guerra.

Estas historias son un recordatorio, porque no podemos olvidar, no podemos simplemente apagar el televisor y olvidarnos de ellas. Son personas reales, con historias reales y, por eso, es muy importante seguir planteando la cuestión - mirar estas fotos de familia, leer sus historias. Hoy son ellos, mañana, Dios no lo quiera, podríamos ser nosotros
- Dario Mitidieri
El marido de Kalila, Ahmed, le dijo a ella que saliera de Siria, porque era demasiado peligroso para ella y sus cuatro hijos a vivir allí, con frecuentes atentados y secuestros.
El marido de Kalila, Ahmed, le dijo a ella que saliera de Siria, porque era demasiado peligroso para ella y sus cuatro hijos a vivir allí, con frecuentes atentados y secuestros. Kalila se llevó a sus hijos pequeños y huyó al Líbano, mientras que Ahmed se quedó en Siria. Tenían muy poca comida y los niños estaban agotados, cuando llegaron al campamento de refugiados. Ahmed ya se ha unido a ellos, pero el camino por andar es difícil: "Quiero que mi voz se oiga en Europa. Necesitamos lo básico aquí: alimentos, provisiones y, en especial, medicamentos para los niños".
Hace poco más de un año, Mohammed estaba sentado en su sala de estar con su familia cuando cayó un misil en su casa. El hijo mayor, de 55 años, fue herido por la metralla y, en el caos, cuando la familia salía escapando, su hijo desapareció.
Hace poco más de un año, Mohammed estaba sentado en su sala de estar con su familia cuando cayó un misil en su casa. El hijo mayor, de 55 años, fue herido por la metralla y, en el caos, cuando la familia salía escapando, su hijo desapareció. Mohammed ha sabido que su hijo ahora vive en la calle, sobrevive con la comida que recibe de amigos y antiguos vecinos. Ahora tiene miedo de que las próximas noticias que reciba sobre de su hijo sean que está muerto.
Owayed logró escapar de Siria con su esposa e hija. La familia llegó al campamento hace seis meses, tras un viaje aterrador, en el que fueron amenazados por las milicias.
Owayed logró escapar de Siria con su esposa e hija. La familia llegó al campamento hace seis meses, tras un viaje aterrador, en el que fueron amenazados por las milicias. Pero Owayed dejó cuatro hijos en Siria, uno de ellos ciego, y no sabe nada de ellos. Teme por su seguridad y su futuro: "Esto no es vida, aquí no se vive", dice. "Tenemos seguridad, pero esto no es vida." El conflicto sirio dura más tiempo del que duró la Primera Guerra Mundial. Más de 250 000 personas han muerto y más de cuatro millones de personas han huido de Siria a países vecinos, donde viven en condiciones realmente adversas.
Khawle, de 44 años, escapó de Siria en autobús, con tres de sus hijos, hace cinco meses. A medida que los bombardeos se intensificaron, se vieron obligados a continuar su viaje a pie. La hija de Khawle tiene una discapacidad de aprendizaje y fue brutalmente atacada por el camino: "Mi hija, de 11 años, fue golpeada brutalmente por hombres armados y no pudo moverse durante días," recuerda Khawle.
Khawle, de 44 años, escapó de Siria en autobús, con tres de sus hijos, hace cinco meses. A medida que los bombardeos se intensificaron, se vieron obligados a continuar su viaje a pie. La hija de Khawle tiene una discapacidad de aprendizaje y fue brutalmente atacada por el camino: "Mi hija, de 11 años, fue golpeada brutalmente por hombres armados y no pudo moverse durante días," recuerda Khawle. La familia ha llegado a un campamento de refugiados, pero Khawle tiene el corazón partido, porque dejó en Siria a uno de sus hijos, así como a su abuela, a tres hermanos y dos hermanas. "No pude salir con todos los miembros de mi familia", dice ella. "Mi hijo más pequeño se quedó con mi madre". Agarrando la silla vacía, del retrato de familia, Khawle dice que el panorama es sombrío: "Tal vez tengamos que quedarnos aquí el resto de nuestras vidas", lamenta ella. "No tengo motivos para ser feliz, viviendo así. Me siento triste porque no tengo aquí a todos mis hijos". Caritas y sus asociados llevan muchos años ayudando a las familias de refugiados vulnerables, en Siria, el Líbano, Jordania y Europa. Según Caritas Líbano, se estima que hay 1 500 campamentos de refugiados en el valle de la Becá, que alojan a unos 400 000 hombres, mujeres y niños, cuyas vidas han sido destrozadas.
Razir, de 40 años "huyó de Siria después de que su marido fuera secuestrado y ejecutado por hombres armados”. "Todo cambió", dice ella, “un día teníamos pan para comer, y al día siguiente no teníamos nada".
Razir, de 40 años "huyó de Siria después de que su marido fuera secuestrado y ejecutado por hombres armados”. "Todo cambió", dice ella, “un día teníamos pan para comer, y al día siguiente no teníamos nada". La devastada madre de cinco hijos decidió salir de Siria, para proteger a su familia y ahora vive en un campamento de refugiados del valle de la Becá, Líbano. Pero Razir no tenía suficiente dinero para llevar a todos sus hijos con ella. Y ahora está preocupada por las dos mayores, de 11 y 14 años de edad, que se quedaron en Siria. "Llevo siete meses sin saber nada de ellas. Tuvimos que salir rápido y no pudimos traerlas con nosotros". Razir y tres de sus hijos viven en una pequeña tienda de campaña y sus únicas posesiones son una manta del tamaño de una toalla de baño y la ropa que llevan puesta. "Me gustaría poder volver a mi vida. Me gustaría poder volver a Siria y ver a mis hijas ", dice Razir. "No puedo. Es demasiado peligroso volver a casa".

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