Caritas | Las llaves de la esperanza
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Las llaves de la esperanza

La guerra lleva más de cinco años haciendo estragos en Siria

Millones de refugiados han huido del país y se han establecido en países vecinos, como Jordania, Líbano y Turquía. Otros han realizado el peligroso viaje hasta Europa.

Han dejado atrás sus puestos de trabajo, sus familias, sus amigos y sus hogares. Lo único que llevan con ellos son las llaves de sus casas y los recuerdos de lo que dejaron atrás.

Caritas Alemania ha lanzado la campaña “La llaves de la esperanza” para poner de relieve los desafíos que deben afrontar los refugiados.

“Las llaves de la esperanza” manda un mensaje poderoso. Detrás de cada llave hay un ser humano y cada uno de ellos tiene una historia personal que contar.

Las entrevistas fueron realizadas por Caritas Alemania, en un albergue que administra Malteser Hilfsdienst en Hamburgo y en un campo de refugiados de Sid, en la frontera entre Serbia y Croacia. Para proteger la identidad de los refugiados y sus familias sus nombres originales fueron cambiados.

Caritas ha jugado un papel importante, ayudando a los refugiados que cruzaron los países balcánicos, buscando una nueva vida, que prometía seguridad y dignidad, en Europa.

Las organizaciones Caritas de Grecia, Austria, Serbia, Croacia, Hungría, Francia e Italia, han ayudado a los inmigrantes sirios, mientras hacían su viaje a través de Europa, buscando refugio. Las fronteras se han cerrado, los controles se hicieron más meticulosos y muchos todavía están luchando para reconstruir sus vidas.

La agencia de refugiados de la ONU, el ACNUR, afirma que la persecución, los conflictos y la pobreza obligaron a más de un millón de personas a huir a Europa, en 2015. La mitad de los que cruzaron el mar Mediterráneo en 2015 eran sirios que escapaban de la guerra.

En junio, la agencia de la ONU dijo que había 4,8 millones de refugiados sirios, pero que esperaba que millones más de ellos se desplazarían en 2016, a causa del conflicto en curso.

Yusuf

Yusuf es un padre de 33 años de Homs, que intenta contener sus lágrimas al hablar de su familia y su casa que han quedado lejos.

“Mi mujer se quedó embarazada en esta casa. Toda mi vida está en mi casa. No es fácil dejar a tu familia sola, durante una guerra”, dice Yusuf.

“Yo tengo una hija de 12 años y un niño de 11. Es doloroso estar aquí y no poder ver sus caras, ni tocarlos”.

Ola

Ola es una chica de 24 años de Homs. Ella dice con orgullo que tiene todavía la llave de su casa, pero que no sabe cuándo y si la volverá a ver.

“Me recuerda todo de mi vida, cuando las cosa iban bien, cuando no había guerra, ni peligro, cuando era feliz”, dice Ola. “Ahora no es nada, porque no es mi hogar”.

Ola y su familia escaparon a Jordania y luego se fueron a Irak. Su padre es iraquí. Estuvieron allí 3 años, pero no se sentían seguros allí. “Había secuestradores. Temíamos que secuestraran a mi padre.

Por eso nos fuimos a Turquía, y luego de Turquía a Grecia”.

“Yo amo Siria e Irak por igual. Espero que un día sea seguro vivir allí, pero no creo que será pronto”.

Bacel

“Bacel” tiene 24 años, vivía con sus padres, dos hermanos y una hermana en Homs. Él añora el calor de su familia y el amor que dejó atrás.

“Siempre que entraba por la puerta sentía ese calor. Iba a casa a ver a mi madre. A veces llegaba a casa a las 2 de la mañana y ella estaba despierta, todavía esperándome. Ella me decía ‘¿Quieres comer algo?’ Yo le decía ‘no’ y luego ella podía irse a dormir”.

Bacel decidió dejar a su familia en Siria para ir en busca de un mejor futuro en Europa. Fue un viaje muy peligroso.

“En el primer intento, el bote fue destruido por las rocas y fuimos nadando de vuelta a la playa. Luego, cinco horas después, lo volvimos a intentar. Empezamos a nadar, ayudándonos unos a otros. Arrastrábamos a los que no sabían nadar. Yo arriesgué mi vida por esto”.

“Nadie puede dejar de extrañar su hogar. El hogar es lo más cálido que yo he tenido en mi vida”.

¿Qué pueden hacer para ayudar?